ELEGIR PERRO

CACHORROS

 

Bien, hemos decidido adquirir un perro… ¡¡genial!! Tendremos un fiel compañero que nos acompañará durante toda su vida, que son aproximadamente 15 años, las razas gigantes suelen vivir un poco menos y las minis un poco más. Esos son muchos años para vivir con nuestro compañero, ¿verdad? será mejor que escojamos bien…


Lo primero que pensamos al adquirir un perro es en lo bonito o feo que es, en si está de moda, en que mi vecino tiene uno igual y es muy simpático… pero eso es un error, los perros no se deben escoger solo por la apariencia, sino también por su carácter y según “nuestro estilo de vida”. Si somos personas deportistas, que disponen de mucho tiempo para salir a correr, ir en bicicleta… o si nos encanta ir a la montaña los fines de semana o simplemente dar largos paseos, necesitamos un perro activo, con energía, que pueda seguir ese ritmo de vida, que no se canse al caminar (como les pasa al bulldog ingles). Si por el contrario nuestro trabajo nos roba mucho tiempo y disponemos de poco tiempo para los paseos, podemos optar por razas más tranquilas, que no necesiten tanta actividad en el día a día. Debemos tener en cuenta también al escoger la raza el tipo de pelo, si necesitará cuidados diarios como el cepillado o incluso acudir a una peluquería canina, hay perros que generan nudos que le llegan a llagar la piel y es imprescindible desenredarlos habitualmente. El clima en el que vivimos también es importante, que sea adecuado para él o, que si no es adecuado, que podamos tenerlo aclimatado. Hay razas creadas para soportar ciertas temperaturas y se debería respetar al máximo ya que un golpe de calor o de frío puede producir la muerte en un ejemplar que no está preparado para esas temperaturas.

El tamaño del perro es otro factor a considerar, obviamente por el espacio en el que disponemos para vivir, y por factores como que una raza gigante puede llegar a comer un kilo de pienso al día y debemos tener una economía capaz de afrontar ese gasto. Para darnos información sobre las razas existen muy buenos criadores que nos informarán de las necesidades y carácter de la raza que crían, ya que cuidan de mantener las cualidades de la misma obteniendo ejemplares preciosos y de buen carácter, pero… ¿que pasa con los perros que no son de raza?

Los perros cruzados se pueden adquirir en protectoras y refugios, y por desgracia son fruto del abandono. Las personas que los cuidan son grandes amantes de los animales y los conocen uno por uno: su carácter, sus manías, su pasado… si le explicamos el tipo de vida que llevamos y el tipo de perro que andamos buscando seguro que nos aconsejarán al mejor compañero. Hay personas que no tienen tiempo ni paciencia para educar a un cachorro, enseñarle a hacer sus necesidades en la calle, que no tire de la correa… para ellos la mejor opción es un perro adulto puesto que en muchas ocasiones ya han aprendido cosas de sus antiguos propietarios como no molestarnos mientras comemos, viajar en coche, a hacer sus cosas fuera de casa, no tirar de la correa…

Así pues, démosle la importancia que merece a escoger un perro.

INDEFENSION APRENDIDA

 

PERRO TRISTE

 

Muchas veces, adiestrando perros como si de fieras salvajes se tratara, utilizamos la fuerza bruta para someterlos, inmovilizarlos, obligarlos, sujetarlos…

Pues bien, aunque a muchos les sorprenda, los perros no son animales salvajes y, lejos de enseñar, un adiestramiento donde prevalece el uso de la fuerza física y el sometimiento provoca una respuesta de miedo que llevada al extremo se traduce en indefensión aprendida.


Cuando un perro se siente acorralado en una situación aversiva, ante la que no puede reaccionar o huir, aprende a quedarse paralizado. Su mente, en un afán de supervivencia, llega a convencerse que el sujeto está indefenso y que haga lo que haga por huir de esa situación será inútil, que no hay escapatoria. Como resultado el animal permanece inmóvil aun cuando tiene la posibilidad de huir.


La teoría de la indefensión aprendida fue postulada por el psicólogo Martin Seligman, quien colocó a dos grupos de perros en dos jaulas, y los exponía a todos ellos a descargas eléctricas ocasionales. El primer grupo de perros fue colocado en unas jaulas en las que tenían la posibilidad de huir de accionando una palanca, y el segundo grupo de perros tenía que soportar las descargas sin poder hacer nada para evitarlas.


Posteriormente todos los perros, los del grupo uno y los del grupo dos, fueron encerrados en una jaula donde también recibían descargas, pero la diferencia con las primeras jaulas era que para escapar solo tenían que saltar una pequeña valla. Los perros que tuvieron la posibilidad en de escapar anteriormente accionando la palanca (grupo 1) saltaron sin problema la valla, asumiendo que podían escapar de esa situación como pudieron la primera vez.El segundo grupo de perros, estaban tan sumamente atemorizados que ni siquiera se plantearon saltar la valla, permanecieron inertes asumiendo que nada podían hacer por dejar de sufrir… habían aprendido una terrible lección: la indefensión
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