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Adoptamos a Thulu con dos meses y cuando llegó a 8 meses era un auténtico diablillo: todo era pasado por la boca del cachorrete, cables y paredes incluidas, destrozaba todo a su paso, no podíamos dejarlo solo en casa y cuando lo hacíamos sabíamos que al llegar a casa lo primero que haríamos sería limpiar los destrozos…. la situación era insostenible No sabíamos qué habíamos hecho mal, impotentes de no saber qué hacer. En unos meses pasamos de no entender cómo afrontar el problema a entender a nuestro perrete, a saber comunicarnos con él, entender qué le pasaba y corregir una situación para nosotros muy conflictiva. Ahora es un amor de perro, cariñoso, atento paciente como una madre y tranquilo. El agradecimiento que siento por hacerlo posible es infinito, no hay palabras para expresar hasta qué punto nos ayudaste.
Hace poco ampliamos la familia con nuestro hijo Víctor y es una “mami” con él, por las noches va a verle y le acompaña a todas partes, amigos inseparables.
MUCHÍSIMAS GRACIAS POR HACERLO POSIBLE!!

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