Positivizar en perros: por qué es un error y qué hacer en su lugar
En este artículo vamos a explicar por qué hablar de positivizar es un error, qué significan realmente los términos técnicos como refuerzo positivo, castigo positivo, habituación o desensibilización, y qué debes hacer para ayudar a tu perro de manera correcta.
Qué significa “positivo” en el aprendizaje canino
En psicología del aprendizaje y educación canina:
-
Positivo no significa “bueno”.
-
Positivo significa añadir algo.
Ejemplos:
-
Dar una chuche cuando el perro se sienta → refuerzo positivo (añado algo que le gusta para que repita la conducta).
-
Dar un tirón de correa o un grito → castigo positivo (añado algo desagradable para reducir la conducta).
👉 Por tanto, decir “positivizar el transportín” no tiene sentido técnico. No es convertirlo en “bueno”, sino trabajar con metodologías adecuadas.
Transportín y otros objetos: habituación vs. desensibilización
Antes de trabajar con un transportín (o cualquier otro estímulo), lo importante es saber qué significa para tu perro:
-
Si es desconocido → toca habituar.
-
Se trata de que el perro se acostumbre poco a poco, de forma agradable, a algo nuevo.
-
Ejemplo: dejar el transportín abierto, con juguetes dentro, y permitir que lo explore libremente.
-
-
Si genera miedo o rechazo → toca desensibilizar.
-
Se trabaja con una jerarquía de aproximaciones muy graduadas.
-
Paso a paso, el perro pierde el miedo, sin forzar y sin ansiedad.
-
Aquí se puede usar contracondicionamiento (asociar la presencia del transportín a experiencias agradables), pero nunca de golpe ni forzando.
-
👉 Lo importante: no se positiviza nada. Se habitúa o se desensibiliza según el caso.
El error de los premios “a lo loco”
Mucha gente piensa que basta con meter salchichas dentro del transportín para que el perro entre feliz. Pero:
-
Si el perro tiene miedo real, no comerá.
-
Si lo fuerzas o te saltas pasos, solo aumentará su ansiedad.
-
El problema no es “que los premios no funcionen”, sino que no estás aplicando el proceso adecuado.
El refuerzo positivo es una herramienta potentísima, pero hay que usarla bien: adaptada al perro, a su motivación y a su estado emocional.
El perro decide qué le gusta (y qué no)
Un punto clave: no podemos decidir nosotros qué le gusta a nuestro perro.
-
Un Malinois probablemente preferirá un mordedor antes que una salchicha.
-
Un Labrador seguramente se motivará más con comida que con un juguete.
-
Cada perro tiene sus preferencias y su carácter.
👉 Tu trabajo no es “positivizar” nada, sino identificar qué motiva a tu perro y usarlo para reforzar conductas deseadas o para superar miedos.
Por qué no puedes ser autodidacta con un perro
Es común que muchas personas prueben cosas leídas en internet: hoy una chuche, mañana un tirón de correa, pasado un spray de agua… El problema es que:
-
Cada intento fallido confunde más al perro.
-
A veces incluso empeora el problema (más miedo, más ansiedad, más desconfianza).
-
No es lo mismo experimentar con una web o un objeto que con un ser vivo que siente y recuerda.
Por eso, lo recomendable es formarse bien o acudir a un profesional antes de probar con tu perro técnicas que no comprendes del todo.
Conclusión: olvida el “positivizar”
En educación canina, no existe el positivizar.
Lo que sí existe es:
-
Habituación (cuando algo es neutro o desconocido).
-
Desensibilización (cuando algo da miedo).
-
Refuerzos positivos y negativos.
-
Castigos positivos y negativos (que no tienen nada que ver con “bueno” o “malo”).
🔑 No se trata de usar palabras bonitas, sino de aplicar ciencia y metodología. Tu perro no necesita que “positivices” nada, necesita que trabajes de forma estructurada, amable y adaptada a sus emociones.